Imagen: Mapa con los lugares de desaparición de personas y aparición de cadáveres mencionados
En este y en próximos episodios hablaremos de las desapariciones y de los asesinatos sin resolver de varias mujeres en Irlanda entre finales de los años 80 y principios de los 2000. No se descarta que algunos de estos casos estén relacionados entre sí. ¿Estuviste en Irlanda en aquella época?
Transcripción
Buenos días, buenas tardes o buenas noches, depende de cuando me estéis escuchando.
Hoy y en siguientes episodios, vamos a hablar de las desapariciones y de los asesinatos sin resolver de varias mujeres que tuvieron lugar en Irlanda entre finales de los años 80 y principios de los 2000 y que, por varios motivos, aún a fecha de hoy, no se descarta que algunos de estos casos estén relacionados entre sí, apuntando a uno o a varios asesinos en serie.
El primer motivo por el que se consideran relacionados, y tal vez el más importante, es la zona en la que tuvieron lugar estas desapariciones y que le ha dado nombre a este caso: el triángulo de las desapariciones de Irlanda. Y es que estas mujeres desaparecieron sobre todo en el condado de Dublín y en los condados de Kildare y Wicklow, situados inmediatamente al suroeste y al sur de Dublín, lo que, en un mapa, formaría un triángulo. Estos condados pertenecen a la provincia de Leinster, que incluye otros 8 condados más, en los cuales también se han dado numerosas desapariciones inquietantes sobre todo desde los años 90, tanto que la Gardai, la policía irlandesa, creo en 1998 la llamada “Operation Trace”, u Operación Rastro, con el objetivo de revisar algunas de estas desapariciones al tiempo que localizar a posibles agresores violentos de la zona. Curiosamente, si también ubicamos estas desapariciones en un mapa, forman otra especie de triángulo de mayor tamaño y que contiene el anterior triángulo dentro.
Hay cierta discrepancia entre las diversas fuentes que hemos consultado para preparar este episodio sobre los casos que incluyen o no dentro de las víctimas que mencionan al hablar de estos triángulos malditos, tanto del de menor tamaño como del que casi formarían todos los casos de la provincia de Leinster. Es habitual que llamen más la atención mediática aquellas desapariciones o asesinatos que puedan esconder la presencia de un asesino en serie y tal vez de ahí venga esa discrepancia, no obstante, nosotras hemos decidido mencionar a todas las víctimas, independientemente de si las circunstancias de su desaparición o asesinato puedan apuntar a un culpable común o no porque a fin de cuentas, son todos casos sin resolver. Preparaos porque vamos a adentrarnos en una investigación que, en su momento, nos llevó semanas consultando mapas, haciendo diagramas y contrastando diferentes fuentes solo para darle sentido a toda la información, y, en algunos casos, a toda falta de información.
Queremos hablar de estas mujeres porque aunque en Irlanda, o en el idioma inglés, algunas de estas desapariciones o asesinatos sin resolver sí que han tenido más o menos cobertura mediática, no hay apenas difusión en castellano sobre estos casos y tampoco existe, que sepamos, una compilación exhaustiva que agrupe todos ellos en nuestro idioma. Además, que esto ocurrió entre los años 80 y principios de los años 2000 y muchísima gente española ya empezaba a ir a Irlanda en los 80 para aprender inglés, o bien de viaje de estudios o bien trabajando. Yo misma pasé largas temporadas en la provincia de Leinster en los años 90, en una de las ocasiones a pocos kilómetros de donde desapareció una de las víctimas de las que hablaremos en esta serie de episodios. Y, bueo, de nuevo, nunca se sabe quién ha podido ver algo o quién puede recordar algo, aunque en su momento no le diera importancia, que ahora resulte clave para resolver una desaparición o asesinato, o incluso para devolverle el nombre a un cadáver sin identificar.
Hemos de decir que algunos de estos casos de mujeres desaparecidas o asesinadas sí que se han mencionado en medios españoles, en concreto, por parte de un documental sobre la supuesta huída de Antonio Anglés a Dublín en el que se menciona a alguna de ellas como posibles víctimas del mismo. Para quien no lo sepa, Antonio Anglés es uno de los presuntos responsables de asesinar a tres niñas de Alcàsser, Valencia, en Noviembre de 1992, y los autores del documental: Genar Martí y Jorge Saucedo, han investigado a través de entrevistas a varios testigos la fuga de película que supuestamente protagonizó en marzo de 1993. Esta fuga, según varios testigos, culminó en acabar siendo polizón de un barco irlandés, el City of Plymouth, que partía desde Lisboa hacia Dublín. Como varios trabajadores del barco lo identificaron, a partir del documental se abrió una instrucción para investigar judicialmente esta supuesta huida, pero a día de hoy no hay ningún hecho probado al respecto, no se sabe si llegó o no a Dublín, a Río de Janeiro o hasta a Las Vegas, todos sitios donde se ha especulado que pudiera estar o donde supuestamente se le ha visto, y ni si quiera se sabe si está vivo o no, por lo que vincularlo con la desaparición o con la muerte de alguna de estas mujeres es cuanto menos aventurado. No obstante, por nuestra parte queremos centrarnos en las víctimas y en contribuir a la resolución de sus casos, y para ello hay dejar la puerta abierta a cualquier posible sospechoso, por remota que sea la probabilidad de su implicación.
La primera mujer de cuyo caso vamos a hablar en el episodio de hoy es Antoinette Smith, que fue vista con vida por última vez en la noche del 11 al 12 de julio de 1987 en Dublín. Antoinette estaba separada y era madre de dos niñas: Lisa de 7 años y Rachel de 4. Aprovechando que esa noche dormían con su padre, Karl, Antoinette quedó con una amiga para ir a un concierto de David Bowie en el condado de Meath, que está al norte de Dublín. Cogieron un autobús desde Dublín sobre las tres de la tarde para ir al concierto y, sobre las 11 de la noche ella y su amiga ya estaban de vuelta en Dublín, con dos camisetas de David Bowie y con ganas de salir por ahí un rato más.
A partir de este momento hemos encontrado dos versiones diferentes sobre lo que hicieron las dos amigas esa noche. La primera versión, publicada en una página web dedicada exclusivamente a las desapariciones del triángulo de Irlanda, dice que quedaron con dos amigas más en una discoteca llamada La Mirage donde, hacia las dos de la mañana, Antoinette y la amiga con la que había ido al concierto, discutieron. La amiga decidió irse a casa pero, a pesar de la discusión, como ya había acordado con Antoinette que esta dormiría en su casa, le dio las llaves igualmente. Al poco tiempo, las otras dos amigas también consideraron que ya era hora de irse, así que las tres cogieron un taxi que las llevaría a la zona de Ballymun, donde vivían todas. La primera parada era la de Antoinette, que, según sus amigas, se bajó del taxi sobre las 2:30 de la mañana y se fue andando por el puente O’Connel hacia la casa de la primera amiga. Esta fue la última vez que vieron a Antoinette.
La segunda versión que hemos encontrado, publicada por la BBC, sin embargo, comenta que una vez que Antoinette y su amiga llegaron a la discoteca La Mirage, no quedaron con dos amigas sino que conocieron a dos hombres con los que estuvieron tomando algo hasta las dos de la mañana. Sobre esa hora, la amiga se fue a casa y Antoinette se quedó un rato más hablando con ellos fuera de la discoteca. Después, los tres cogieron un taxi y sobre las dos y media de la mañana, Antoinette se bajó del mismo en el puente O’Connel, donde, de nuevo, se la vio por última vez. Como veis, las dos versiones coinciden en este punto, así como en que la ropa que llevaba puesta Antoinette eran unos vaqueros azules y la camiseta que se compró del concierto de David Bowie.
Según la versión de la web del Triángulo de las desapariciones, a Karl, su exmarido, le pareció extrañísimo no saber nada de ella ni el día 12 ni el 13, por lo que el día 14 decidió ir a la Garda, la policía irlandesa, a denunciar la desaparición de Antoinette. La versión de la BBC no especifica el día exacto en que Karl interpuso la denuncia, solo se dice que se extrañó de que no volviese a casa, dando a entender que aún vivían juntos. Sea como fuese, que no es por quitarle importancia a la diferencia de versiones, que de hecho, puede ser muy relevante, al ser los años 80 y ella una mujer adulta, lo normal hubiera sido que le dijeses a Karl que no se preocupase y que ni le cogían la denuncia, pero no, por suerte, la policía solicitó una foto de Antoinette, entrevistaron a la amiga con la que fue al concierto inmediatamente e incluso publicitaron su desaparición a través de sus propios medios, y valiéndose de los medios de comunicación también. Pero por desgracia, no hubo ninguna pista fiable que contribuyese a dar con el paradero de Antoinette.
Casi 10 meses más tarde, el 3 de abril de 1988, una familia que iba de paseo por las montañas de Glendoo, situadas entre el condado de Dublín y el de Wicklow, se topó con lo que parecían unos restos humanos parcialmente desenterrados por la lluvia. El cuerpo llevaba una camiseta de David Bowie y unos vaqueros azules. Dado el avanzado estado de descomposición, un reconocimiento visual de la persona no fue posible, pero al encontrarse también una llave que coincidía con la de la casa de la amiga de Antoinette, la policía determinó que se trataba de su cadáver. El cuerpo no presentaba signos evidentes de traumatismo, pero se pudo precisar con facilidad que la causa de la muerte fue asfixia al haber dos bolsas atadas al cuello y cubriendo la cabeza.
Tras el hallazgo del cuerpo de Antoinette, la policía decidió publicar información sobre una pista que habían recibido según la cual, la noche que desapareció Antoinette, un hombre que se estaba quedando en una caravana en la misma zona montañosa donde apareció el cuerpo, salió a pasear con sus perros y vio primero a un hombre y, poco más tarde a otro, que parecían fuera de lugar al no ir vestidos como para caminar por la montaña a primera hora de la mañana. Además, el testigo insistió en que no oyó el motor de ningún coche en la zona y que no entendía cómo pudieron llegar o irse del lugar esos dos hombres. Desafortunadamente, esta pista tampoco llevó a ningún sitio y a día de hoy, el asesinato de Antoinette sigue sin resolverse.
En julio de 2023, por el 36 aniversario de su desaparición, la policía trató de reavivar su caso en los medios, apelando a la colaboración pública y basándose en que, después de tanto tiempo, pueda ser que si alguien vio algo o sabía algo en su momento, se atreva a decirlo ahora. No obstante, esto tampoco ha dado ningún fruto.
En una entrevista concedida para el Irish Mirror por una de las hijas de Antoinette y también coincidiendo con el aniversario de la desaparición de su madre, esta afirma que su asesinato se trata de todo un misterio y que la zona en la que se encontró el cadáver de su madre no es un lugar en el que alguien acaba por casualidad o después de tener un accidente, sino donde se puede esconder un cadáver bastante bien dado lo alejado que se encuentra de todo. Para ella, la única explicación que tiene sentido es que su madre acabase en las manos de un asesino en serie, basándose en las similitudes entre su desaparición y la de otras mujeres en ahora llamado Triángulo de las desapariciones de Irlanda.
Justo un mes después del hallazgo del cuerpo de Antoinette, el 3 de mayo de 1988, desaparecía una mujer de 25 años llamada Priscilla Clarke, en el condado de Wicklow. Priscilla era la niñera interna de una familia adinerada, los Kavanaugh, y llevaba ya cinco años cuidando de sus tres hijos. El cuidado de niños era su pasión en la vida por lo que tanto ella como la familia para la que trabajaba, estaban muy felices, hasta el punto que Priscilla consideraba a Lynda Kavanaugh, la madre de los niños una de sus mejores amigas. El día que desapareció, de hecho, iba montando a caballo con Lynda mientras los niños estaban en el colegio. Ambas eran expertas y difrutaban de montar a caballo, Lynda por venir de clase alta y Priscilla por haberse criado en una granja. Llevaba varios días lloviendo muchísimo, pero esa tarde el tiempo les dio un respiro y sobre las cuatro, Lynda llamó a su marido para decirle que Priscilla y ella iban a aprovechar que no llovía para salir un rato con los caballos. La alarma llegó cuando algunos vecinos empezaron a traer a los hijos de los kavanaugh del colegio, indicando que ni Lynda ni Priscilla habían ido a recogerlos. El marido de Lynda, Mark, llamó inmediatamente a la policía, los cuales, al tratarse de una familia prominente se pusieron manos a la obra enseguida. Tardaron poco en encontrar a los caballos, empapados y desorientados, caminando por una carretera cercana a la mansión de los Kavanaugh, pero no había ni rastro de las dos mujeres.
La policía desplegó todos sus medios para encontrarlas… o tal vez deberíamos decir que para encontrar a Lynda, porque la familia de Priscilla ni si quiera se enteró de que estaba desaparecida hasta la tarde del día siguiente. Se barajaron todo tipo de hipótesis, desde un secuestro por parte del IRA, que en ocasiones utilizaba esta vía para financiarse, hasta un simple accidente. Los medios de comunicación tampoco escatimaron esfuerzos en publicitar las desapariciones, pero desafortunadamente, dos días más tarde, el 5 de mayo, se encontró el cadáver de Lynda ahogado en el río y enganchado a una rama, con todo el aspecto de haber sido víctima de un accidente dada la crecida del río por las lluvias.
Fue en este momento cuando lo que durante dos días había sido una búsqueda sin escatimar medios, se convirtió en una búsqueda con cada vez menos personal y que apenas duró cuatro días más. A la familia de Priscilla le dijeron que los efectivos acuáticos no se podían quedar más por la zona porque tenían otras obligaciones. Entretanto, los medios de comunicación se centraron en el funeral de Lynda, olvidándose de que había otra mujer desaparecida. Por si esto fuera poco, un juez de Dublín inició una pesquisa judicial para que se investigase la muerte de Lynda, no solo sin ordenar pesquisa alguna sobre la desaparición de Priscilla, sino sin ni si quiera informar a la familia, que se enteró leyéndolo en el periódico. Así las cosas, los hermanos y padres de Priscilla se pusieron a buscar por su cuenta por la zona con la ayuda de amigos y vecinos, pero nunca encontraron el más mínimo rastro de Priscilla, ni una prenda de ropa, ni una bota de montar, ni ningún objeto personal. Esto les llevó a pensar que su desaparición pudiera tener otras causas, diferentes al accidente a caballo que acabó con la vida de Lynda. Además, la zona en la que desapareció Priscilla, Enniskerry, está a tan solo 11 kilómetros de distancia de donde se encontró el cadáver de Antoinette.
Una cosa que repiten una y otra vez las familias de personas desaparecidas es que hay categorías de desaparecidos: hay unos que importan más y otros que importan menos. Estas categorías no son únicas, de hecho, son un reflejo perfecto de las categorías sociales de las personas en general: pobres, enfermos, mayores, personas con problemas mentales o adicciones, personas pertenecientes a los colectivos LGTBImás, migrantes, menores que están en centros… todas estas personas importan menos. Es como en el Titánic: los de tercera clase, se hunden. Las familias de las personas desaparecidas que se categorizan como de tercera clase, hablando figuradamente, se van a hundir más que las de primera clase, es casi una regla matemática.
Y, efectivamente, la familia de Priscilla, una familia humilde, comenta que se sintieron tremendamente abandonados, tanto por la familia Kavanaugh, a la que no solo consideraban empleadores de Priscilla, sino amigos, como por la policía, la justicia irlandesa y los medios de comunicación. Dicen que las evidentes diferencias entre lo que importó la desaparición de una mujer y la de otra, les dejó dañados para siempre.
Y las injusticias, o, tal vez también, la falta de legislación al respecto de desapariciones y de cadáveres sin identificar, no terminan aquí. Así como en España existe una base de datos, la base de datos Fénix, en la que se cruza el ADN de familias de personas desaparecidas con el ADN de cadáveres sin identificación que puedan aparecer en el territorio, en Irlanda no existe tal base de datos ni un protocolo similar. En 1995 se encontraron los restos de una mujer al norte del condado de Wexford, situado inmediatamente al sur del condado de Wicklow. Esta mujer llevaba puestos unos vaqueros de la marca Lee, la misma que solía utilizar Priscilla, y no portaba ningún tipo de identificación personal. Sin llevarse a cabo una autopsia o investigación alguna, se ordenó que fuese enterrada en una lápida sin nombre en el cementerio correspondiente. No fue hasta 2007, es decir, 12 años más tarde, que la familia de Priscilla supo de la existencia de este cadáver sin identificar, en principio compatible con el perfil físico de Priscilla y, de nuevo, se enteraron por la prensa y de casualidad. Un periodista se puso a investigar la desaparición de Priscilla para escribir un artículo y se topó con la existencia de este cadáver.
La familia se vio entonces envuelta en una batalla legal para conseguir que se exhumasen estos restos que duró alrededor de un año, pero por desgracia, no resultó ser el cuerpo de Priscilla. Desde entonces no ha habido ninguna pista sobre la desaparición de Priscilla, que ahora tendría 62 años, ni tampoco se ha logrado encontrar nada relacionado con ella, ningún objeto que le perteneciera. Sus hermanos siguen buscando y, a fecha de hoy, la policía irlandesa afirma que para ellos sigue siendo una investigación abierta. Si de verdad es así, afortunadamente podemos decir que, las cosas han cambiado en materia de personas desaparecidas desde los años 80 en Irlanda.
La tercera desaparición de la que vamos a hablar, por antigüedad, es la de Patricia Doherty, una mujer de 29 años, funcionaria de prisiones en la cárcel de Mountjoy en Dublín y madre de dos niños: Gerard, de 9 años y Kelly de 7. No hemos logrado encontrar información reciente sobre la desaparición de Patricia, pero gracias a algunos testimonios del momento en el que tuvo lugar, sabemos más o menos dónde estuvo el día que desapareció y cuándo fue la última vez que se la vio con vida. Patricia tenía un turno de trabajo bastante largo el día de Nochebuena de 1991, por lo que aprovechó el día 23 de diciembre para realizar unas compras de última hora para el día de Navidad. Desgraciadamente, no llegó a casa esa noche. Se la vio salir de un centro comercial llamado Old Bawn casi a la hora de cerrar. Poco más tarde, sobre las 21:20 de la noche, otro testigo afirma haberla visto pasando por la puerta de un pub cercano, el pub Bridget Burke’s, dirigiéndose de nuevo en dirección al centro comercial. La ropa que describió este testigo coincidía con la que llevaba puesta Patricia esa noche: un abrigo largo de color marrón y una bufanda con toques dorados. Poco más tarde, otro testigo afirmó haber visto a alguien parecido a Patricia subirse a un coche rojo a la salida del centro comercial. En algunos artículos se menciona que a última hora decidió comprar gorros de Papá Noel para sus hijos, suponemos que por la información facilitada por algún trabajador del centro comercial. Con estos testimonios entendemos que los últimos pasos de Patricia fueron: salir del Centro comercial, pensar en comprar los gorros, volver al centro comercial pasando por delante del pub y, al salir, subirse a un coche rojo.
Algo que en estos tiempos en los que la conexión a teléfonos móviles posee nuestras vidas puede llamar mucho la atención es que el marido de Patricia, Paddy, no denunció su desaparición hasta el día de Navidad a pesar de que nadie la había visto desde la noche del 23 de Diciembre. Por lo visto Patricia llevaba poco tiempo trabajando en la cárcel de Mountjoy, algo menos de seis meses, y en ese tiempo había tenido unos horarios de locura que en ocasiones la hacían quedarse de un día para otro, enlazando turnos, casi sin previo aviso. Al no verla la noche del 23, su marido dio por sentado que tuvo que quedarse a trabajar hasta el 24 y que no pudo llamarle para avisar, pero cuando no la vio el día 25 por la mañana decidió llamar a la cárcel donde le comunicaron que su mujer no había ido a trabajar en Nochebuena. Es en ese momento cuando el marido se fue a la comisaría a denunciar la desaparición de Patricia. En comisaría también se preguntaron por qué el marido había tardado tanto en poner la denuncia, pero finalmente dieron por válidas sus explicaciones. El problema fue que, al ser Navidad, la policía estaba bastante ocupada con otros menesteres y no pudieron darle a la desaparición de Patricia la atención que merecía.
Como dato curioso, durante las vacaciones de Navidad, de Semana Santa, verano o incluso en cualquier fiesta o evento en general, no solo suele haber más desapariciones y asesinatos, sino que, además, tienen una mayor tendencia a no resolverse. El que la gente altere sus rutinas o esté en lugares desconocidos puede ponerles en situaciones de mayor vulnerabilidad, además de retrasar el que alguien les eche de menos, porque bueno… “está de vacaciones o en una fiesta, por eso no me ha llamado en dos días, es normal…”. Si a esto le añadimos que las fuerzas de seguridad suelen estar más ocupadas de lo normal en ciertas fechas, tenemos la receta perfecta para que se produzca un accidente, o, peor un crimen, que no se logre resolver.
Pero volviendo a Patricia, a pesar de estas circunstancias, su desaparición también tuvo bastante repercusión pública, aunque desgraciadamente, no se obtuvo ninguna pista que la policía diera por fiable. Y decimos “que no dieran por fiable” porque la pista sobre el coche rojo en el que supuestamente se subió Patricia al salir del centro comercial por segunda vez, se invalidó por parte de la policía solo por el hecho de que el testigo tenía antecedentes penales. Como bien se menciona en la página web dedicada a estas desapariciones del triángulo de Irlanda, nunca se debería de descartar el testimonio de alguien solo por sus antecedentes, sobre todo cuando el testigo no tiene absolutamente nada que ganar contando lo que ha presenciado. Pero en fin… Tal vez, si se hubiera investigado la pista del coche rojo, en estos momentos sabríamos algo más sobre qué le pasó a Patricia o incluso a otras mujeres.
Tras su desaparición, Paddy, el marido de Patricia, apareció en la radio 2FM y afirmó que estaba recibiendo llamadas telefónicas en las que nadie contestaba, que se sentía acosado y que le parecía tremendamente cruel. Las llamadas de broma, con intención de estafar, o incluso del propio asesino de algunas personas, no son algo extraño para las familias de desaparecidos, como ya veremos en más casos. Paddy también suplicó a la audiencia que se aportase cualquier información que se pudiera tener sobre la desaparición de su mujer.
Pero por desgracia, en Junio de 1992, un hombre que estaba buscando turba en la zona montañosa situada entre el condado de Dublín y el condado de Wicklow, en un área llamada Featherbeds, se topó con unos restos humanos semicubiertos por el barro. La ropa que llevaba este segundo cuerpo coincidía con la ropa que se vio llevar a Patricia el 23 de Diciembre de 1991, las joyas que portaba eran las que siempre solía llevar Patricia y la bufanda dorada se encontró a unos cuantos pasos del cadáver. Además, la llave que llevaba en el bolsillo coincidía con la llave de su casa y, poco después, al analizarse su dentadura, se confirmó definitivamente que estos eran los restos de su cuerpo. La autopsia determinó que no había signos evidentes de traumatismo y que la causa de la muerte había sido, una vez más, por asfixia, aunque en este caso no se encontraron bolsas atadas a su cuello.
La policía siguió varias vías de investigación, como por ejemplo el que su trabajo como funcionaria de prisiones pudiera haber tenido que ver con su asesinato, pero no llegaron a ningún sitio con esta pesquisa incluso después de investigar a compañeros de trabajo y a presidiarios. De hecho, se puede afirmar que la investigación no ha llegado a ningún sitio a día de hoy y, salvo algunas similitudes con otros casos, no ha vuelto a haber ninguna pista definitiva que pueda dar con su asesino. De todas formas, como ya hemos dicho al principio, tampoco hemos encontrado información actualizada sobre este caso.
Hablemos por un momento de las distancias que hay entre todos los lugares de interés que hemos mencionado hasta ahora: La distancia por carretera entre la montaña de Glendoo, donde se halló el cadáver de Antoinette, la primera víctima que hemos hablado hoy, y el punto en el que se encontró el cadáver de Patricia, es de apenas 12 kilómetros y medio, más o menos la misma distancia que hay por carretera desde estos dos puntos hasta el lugar en el que desapareció Priscilla. Peeero la distancia andando entre donde aparecieron los cadáveres de Antoinette y de Patricia, solo recomendada para personas con cierto nivel de experiencia en rutas de montaña, no llega a los 3 kilómetros, es decir que los cuerpos de Antoinette y de Patricia aparecieron cerca el uno del otro y en una zona de difícil acceso a pie. Respecto a los puntos desde los que desaparecieron estas tres mujeres, están todos entre 10 y 20km del otro. Vamos, que en realidad estamos hablando de distancias muy pequeñas, además de periodos de tiempo bastante cercanos entre sí.
¿Y qué pasa con el cadáver que llevaba los vaqueros de marca Lee, y que resultó no ser Priscilla? Bien, pues este apareció a unos 100 kilómetros río abajo del lugar en el que se encontraron los cadáveres de Antoinette y de Patricia… Pero, más importante si cabe, si esta mujer no era Priscilla, y ya os avanzo que incluso habiendo tantas mujeres desaparecidas en la zona en esos años, los restos tampoco pertenecen a ninguna de ellas… ¿quién es? ¿Hay alguien ahí fuera que la lleva buscando desde los años 90 sin saber que lleva décadas enterrada sin que su nombre figure en la lápida, sin saber por qué murió? ¿Se trata de otra víctima más de un mismo asesino, tal y como se presupone de algunas de las mujeres de las que estamos hablando en esta serie de episodios, o es un caso aislado? Bueno, pues de todo esto y de varias víctimas más hablaremos en el siguiente episodio de Hasta debajo de las piedras.
Antes de irnos, queremos actualizar un caso que mencionamos en el anterior capítulo, el de la desaparición de Pablo Alejandro, de 19 años, el día 16 de Octubre en Palma. Desgraciadamente las noticias no son buenas ya que, según informa 20 Minutos, se ha encontrado el cadáver dentro de su coche en una zona boscosa de difícil acceso a pie y aunque aún se están investigando las causas de la muerte, todo apunta a que pudiera haber tenido un accidente de tráfico. Queremos enviarle un fuerte abrazo a su familia y amigos y agradecerle a la Policía Nacional su labor en la pronta resolución de este caso.
Y hasta aquí el episodio de hoy. Si crees que puedes tener información al respecto de las desapariciones o asesinatos de cualquiera de las personas mencionadas en este episodio y no quieres referirlo directamente a las autoridades, nos lo puedes contar a nosotras. También nos puedes dar tu opinión sobre este episodio o sugerirnos casos que quieras que cubramos en el futuro, así como ayudar a dar visibilidad a estos casos compartiendo nuestras publicaciones en redes. Nos puedes encontrar en la dirección de email: info@hastadebajodelaspiedras.com , en la página web hastadebajodelaspiedras.com y seguirnos en redes sociales:. En Twitter bajo el usuario @hastapiedrasp o en el IG @hastapiedras.
Un saludo y hasta la próxima.
Música del final: Azul de Bueu


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